Los prodigios de un buscador de armonías 17-08-2006
El Chango Spasiuk mostró las cartas de a poco el sábado durante el recital que ofreció en el Anfiteatro Municipal en el marco del ciclo Artistas a Cielo Abierto, presentando su disco "Tarefero de mis pagos", en un clima que fue creciendo arriba y abajo del escenario hasta llegar al brillante final con la obra de Piazzolla "Libertango".

Seguro de sí mismo y del notable grupo de músicos que lo acompañó, el acordeonista misionero abrió su espectáculo cumpliendo casi a rajatablas con la presentación de su disco, para luego recorrer brevemente clásicos de la música litoraleña, mientras algún memorioso, sabedor de la amplitud del músico, recordaba y pedía la versión que Spasiuk en contadas ocasiones hace de "Pequeña ala" de Jimi Hendrix.

Antes del Chango, pasaron por el escenario la aplaudida y muy sólida propuesta del sexteto local Aura, con creaciones propias sobre ritmos del folclore. Otro buen trabajo fue el del cantautor Adrián Monzón, que invitó al notable guitarrista Guillermo Rizzotto y a la cantante Sandra Corizzo.

Recién cuando habían transcurrido una media docena de temas, el Chango Spasiuk inició uno de los muy breves monólogos de la noche ante el público que llenó las gradas del Anfiteatro. Spasiuk, aunque lo demuestra desde siempre en toda su producción, reiteró que las antinomias y las discusiones en torno a si su música es vanguardia y tradicionalismo para él están absolutamente de más.

Como lo marca su disco, sólo dos temas "Tarefero de mis pagos" y "El boyero", abrieron el espacio del show al canto, con la sorprendente calidad vocal del guitarrista Sebastián Villalba.

El público disfrutó de un planteo absolutamente acústico. Nadie desentona en el notable grupo de músicos que acompaña al Chango, quien en este disco logró una sonoridad impactante en la combinación de su acordeón junto al virtuoso violín de Víctor Renaudeau, pero también en las exigentes uniones sonoras con el contrabajo de Juan Pablo Navarro o el bandoneón de Juan Núñez. Llevando su teclado a verdaderos prodigios de digitación, Spasiuk jugó con las sutilezas y con los graves y en un mismo tema ofreció delicadezas y ascendentes climas de chamamé maceta que generaron la ovación general.
 
Fuente: La Capital